En México, la inauguración de eventos deportivos internacionales como Mundiales y Juegos Olímpicos ha sido tradicionalmente un escenario de manifestaciones y resistencia ciudadana. En 1968, durante el Mundial, el entonces presidente Díaz Ordaz enfrentó gritos de protesta, y en 1970 se registraron rechiflas en el Estadio Azteca, a pesar de los intentos de la televisión por ocultar estas expresiones mediante encuadres cerrados.

Actualmente, se observa un cambio significativo en la forma en que se mide la popularidad en el país. La ausencia presidencial en estos eventos marca un giro histórico, donde la verdadera prueba de aceptación se refleja en la presencia de un estadio lleno de ciudadanos que han adquirido sus boletos de manera directa.

Este fenómeno destaca la importancia de la asistencia voluntaria y pagada como indicador de apoyo o rechazo, en contraste con prácticas anteriores que involucraban acarreados o asistentes llevados por invitación oficial.

La cobertura de estos hechos ha sido abordada por medios como "Los #Hechos con Javier Alatorre", que analizan este cambio en la dinámica social y política durante eventos deportivos de gran relevancia en México.