En la Ciudad de México, una campaña que busca destacar al ajolote ha llevado a pintar espacios urbanos de color morado, pero también ha provocado cuestionamientos sobre su impacto en el hábitat natural de esta especie.

Un urbanista analizó la iniciativa y señaló que, aunque la intención es promover la identidad local, existen conflictos entre las normas urbanas y la estética aplicada, lo que afecta la accesibilidad y la seguridad vial en la capital.

Además, el experto destacó que los cambios en la ciudad suelen estar ligados a ciclos sexenales de gobierno, lo que limita la planeación a largo plazo y genera contradicciones con las políticas ambientales vigentes.

Se subrayó la necesidad de implementar un programa general de ordenamiento territorial con una visión de 10 a 20 años para evitar que las acciones urbanas se reduzcan a periodos cortos y poco eficientes.

La discusión sobre la campaña del ajolote en CDMX pone en evidencia la tensión entre la búsqueda de identidad visual y la conservación del entorno natural, así como la importancia de equilibrar estética y funcionalidad en el espacio público.